Estoy leyendo un libro que se titula: “Soy Consultor (con perdón)” de Carlos Abadía Jordán. Me está encantando y lo recomiendo fervientemente a todo el mundo que se dedica a la consultoría, en primer lugar por la sencillez del lenguaje y en segundo lugar porque explica cosas que parecen básicas pero nunca está de más recordarlas.
Se explica en el libro cuáles son las tres principales virtudes que debe tener un consultor: prudencia, respeto y trabajo.

1. Prudencia, porque en muchas ocasiones tendemos a pensar que sabemos más que el cliente, ninguneamos ideas que vienen de la propia empresa a la que estamos asesorando y en definitiva, nos olvidamos de que por muchos conocimientos que tengamos, el cliente es el que más sabe de su negocio. Hay que saber escuchar, tener paciencia a la hora de emitir juicios y pensar antes de hablar, para no caer en la superficialidad del que cree que lo sabe todo.
2. Respeto, por todas las personas a las que asesoramos. En muchas ocasiones los miembros de la estructura empresarial no entienden por qué hay un consultor en su empresa y por qué hay que cambiar métodos que llevan años aplicándose. Hay que entender y “querer” a esas personas. Respetar sus opiniones y poco a poco llevarlos al terreno del cambio y la mejora.
3. Trabajo. La consultoría requiere horas, reflexión y entusiasmo. Esto sólo se puede dar con mucho esfuerzo y trabajo. Hay que estudiar, estar al día, no caer en la trampa del “yo ya lo sé todo”, “yo soy un experto en la materia”. Sólo con mucho trabajo se puede ser un buen consultor.














